Depredadores de las Ballenas

Depredadores de las Ballenas

La depredación es uno de los hechos de la vida animal que permiten el equilibrio de las cadenas tróficas en la naturaleza. Aunque las interacciones de los mamíferos marinos con los demás habitantes de los océanos no son tan fáciles de observar y estudiar, se tiene constancia de que a veces los cetáceos son depredados por otros animales que no son necesariamente más grandes que ellos.

La incidencia de ataques de los depredadores hacia las ballenas dentadas y las ballenas barbadas varían en función de la especie, la población, la distribución y el hábitat, pero son las ballenas de tamaño reducido las que tienen mayor probabilidad de ser atacadas. Suena bastante obvio, ¿no? ¿Pero pensarías lo mismo si supieras que las grandes ballenas con barbas pueden ser víctimas de cetáceos odontocetos más pequeños que ellas?

Orcas

En general, las ballenas carecen de depredadores en su hábitat natural, pero pueden ser atacadas una que otra vez.

El gran tamaño de la ballena jorobada, la ballena gris y la ballena azul permite disuadir a la mayoría de los depredadores del océano. Pero no a las orcas (Orcinus orca) animales fuertes y de gran apetito. Como acotación: en el inglés se le llama killer whale, es decir, “ballena asesina”, pero el mote de “asesina” es un término incorrecto para un animal que caza para alimentarse.

A diferencia de las ballenas dentadas, los misticetos tienden a permanecer sin compañía o en grupos pequeños. Su condición es aprovechada por las orcas, que, aunque son regularmente más pequeñas, colaboran para cazar animales más grandes que ellas.

En 1985, un estudio realizado en una zona cercana al continente antártico indicó que las ballenas del género Balaenoptera o rorcuales conforman el 85 por ciento de la alimentación de Orcinus orca, especialmente las especies Balaenoptera bonaerensis (rorcual austral) y Balaenoptera acutorostrata (rorcual aliblanco, enano o común).

Quienes sufren más ataques son los individuos jóvenes y los recién nacidos. Las orcas los prefieren debido a su inmadurez para defenderse y por supuesto, a su “cómodo” tamaño. Por ejemplo, cuando la ballena gris (Eschrichtius robustus) migra junto con sus crías hacia las aguas de Baja California, en México, es sorprendida por las orcas en las costas de California, Estados Unidos y las cicatrices de los ataques de dichos odontocetos son encontradas en muchos individuos de algunas poblaciones de ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), cicatrices que al parecer son producto de heridas infligidas cuando todavía son crías.

Tiburones

Los ataques de tiburones a las grandes ballenas son menos frecuentes que las de las orcas y en general no constituyen una gran amenaza. No obstante, si un tiburón detecta una ballena enferma, herida o joven, no duda en acercarse para convertirla en su alimento. El tollo cigarro o tiburón cookiecutter (Isistius brasiliensis) es muy pequeño y su físico es quizá poco amenazante, pero puede alimentarse de ballenas grandes si se les adhiere mediante succión y forman un círculo de carne con sus dientes para alimentarse en esa zona.

Las reacciones a los ataques son diferentes en cada suborden. Los odontocetos establecen lazos fuertes y cuando un compañero está en peligro, colaboran para ayudarlo a salir del problema. Por el contrario, si una ballena es agredida, las ballenas que están a su alrededor se alejan para evitar ser atacadas también. En los enfrentamientos, evitan defenderse directamente o atacar a su oponente; para las ballenas lo mejor es huir del peligro.

Seres humanos

Si hablamos de grandes depredadores, el ser humano es quizá el principal. Siglos atrás cazó ballenas por montones, ya que sus barbas y su aceite eran materias necesarias para la elaboración de muchos productos de la vida diaria, desde corsés y maquillaje hasta lámparas. Los barcos balleneros, sí, especializados en la caza de ballenas, iban en pos de un aceite nombrado “el oro líquido” y fueron el terror de los grandes misticetos hasta que éstos quedaron al borde de la extinción. Las ballenas dentadas también han sido objeto de caza durante mucho tiempo, y su carne es alimento en algunas regiones de Asia y en las islas Feroe.

La caza de cetáceos se constituye como comercial, recreativa/deportiva e incidental. Cualquiera de estas modalidades afecta sus vidas, pues si no provoca su muerte directa, los hiere. En 1986, la Comisión Ballenera Internacional prohibió la caza comercial de ballenas y las poblaciones aumentaron. Sin embargo, el problema es todavía vigente y sigue cobrando vidas.